La Brasa
Torrijos

2+3=4+1

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.

Pese a la avanzada hora de la madrugada, un buen monton de curiosos se había arremolinado en la esquina de La Riviera, posiblemente atraidos por los gritos del tipo que agitaba los brazos al borde del río: chavales que aún despúes del concierto se habían quedado a la sesión, algún mendigo despistado, dos tíos de la seguridad del Parque del Manzanares y un grupetto multicultural formado por restos de las Jornadas Mundiales de la Juventud que miraban asombrados la escena, algunos incluso rezaban en silencio mientras otros aún no acertaban a distinguir si el espectáculo era efectivamente algún tipo de aparición o era más bien producto de su algo pecaminosa intoxicación etílica.

Ojo-De-Halcón miró a Roque dirigiendo acto seguido la vista a los púberes católicos.
-Tenías razón, parece.
-Muchas almas creen juntas. He aquí la constatación.

Junto a los dos hombres de la seguridad del parque, sentada en un poyete junto a la acera hipaba entre leves sollozos una chica morena con una camiseta blanca.
-No sé que le pasa. Rubén es...es raro...pero no tan raro. Es como si no me conociera.
-Policía, qué es lo que sucede?- pregunto Roque mintiendo en parte.
-El novio de la joven parece que está muy borracho...
-No es eso!- gritó la chica-...Bueno, no sabemos muy bien lo que le pasa, pero estaba gritando, cantando, insultando y haciendo...
-Haciendo ruidos muy raros- interrumpió el otro vigilante.
-Creanme, los ruidos eran muy muy raros... Cuando nos hemos acercado a él se ha subido a la barandilla y...y bueno, nosotros preferimos esperarles a ustedes.
-Correcto. Bien se hace después a lo que antecede- finalizó Roque, y voliéndose a la chica añadió:
-Quédese aquí, vamos a intentar que las cosas se desenreden.

Ana vió alejarse a los dos policías de paisano hasta el borde del río, donde Rubén, su chico, su pareja, su novio, su cari se había vuelto loco. Como si las cosas no fueran suficiente raras, no pudo evitar darse cuenta de que el caminar de los tipos era especialmente extraño: hacían parones, iban de un lado a otro, se cruzaban entre ellos y a veces retrocedían.

-Crees que debemos mantener los protocolos?- pregunto Roque, mientras seguía haciendo el paso-mendigo, la manera rítmica de moverse y hablar que entorpecía la mayoría de los radares mágicos.
-No somos dos pipiolos. Mejor no llamemos demasiado su atención.

-Crees que es un mirmidón?

Aún estaban a unos 300 metros del tipo de la barandilla cuando la radio colgada al pecho de los policías empezó a escupir palabras a todo volumen.


Siguiente capítulo: Veo lo que tú ves, oigo lo que tú oyes

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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