La Brasa
Torrijos

Tercera parte: ¿Dónde está Manrique, dónde está vuestro señor?

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.

     Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
     mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
     y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,
     mírame,
     yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
     yo soy el excremento del can sarnoso,
     el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
     yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra,
     y donde casi ni escarban las gallinas.
     Pero te amo,
     pero te amo frenéticamente.
     ¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
     deja que me pudra hasta la entraña,
     que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,
     para que un día sea mantillo de tus huertos!
 
Damaso Alonso. De Profundis.


Esto es cerca. Esto es lejos.

-Quédate en el coche por ser el nuevo, y así además vigilas los huevos- dijo Ojo-De-Halcón mientras cerraba la puerta delantera.

ShinChan aceptó a regañadientes, pero era cierto que alguien tenía que quedarse dentro por si la reliquia casi-fresca decidía emitir alguna señal de advertencia o algún dato que pudiese ayudar a sus compañeros, en cuyo caso debería avisarles por radio. Le preocupaba más el como iba a darles la advertencia rimando que el hecho mismo de que el par de cojones cortados dijese algo; pero así debían ser las cosas, y prefería no cagarla. Más aún si efectivamente iban a lidiar con un verdadero Extraño o Imposible.

Conectar un objeto con una traza mágica tan fuerte a un emisor, en este caso la radio, no era especialmente complicado, más allá de elegir los cables con el aislamiento correcto y usar siempre una refrigeración por agua, que era enormemente eficaz para disipar posibles escapes. Desde luego sería mucho más eficaz si la intervención la hubiese realizado un cirujano forense, pero esa opción estaba completamente descartada, así que fue el propio Roque el que hizo la conexión.

El escroto con la sangre coagulada funcionaba como un talismán, como un receptor mágico masivo: barría el espacio y discriminaba cualquier onda similar repitiéndola por el canal de salida (no puedo evitar sonreír al pensar en ese concepto). Lógicamente, al amplificar las propiedades del objeto gracias a la radio del coche de policía, el alcance era mucho mayor, y posiblemente más preciso.

Aún así, lo verdaderamente complejo era comprender la señal que recogía y repetía al emisor. Esto no era como en las películas, que la AM del coche movía el dial formando un ominoso "cuidaaaadooo" al unir las voces de los distintos locutores; lo que emitía la radio conectada al par de testículos se parecía más bien al Bolero de Ravel, si este fuese interpretado por una legión de camioneros con la voz de un hipopótamo tras fumarse dos cartones de Ducados y beberse tres litros de vodka. Todos a la vez.

Por eso había que filtrar el resultado y eliminar todo lo que no compartiese la longitud de onda del escroto off-line: todo lo que no viniese de otro lugar no era relevante.

Abrió su portátil y lo conectó con el miniUSB a la radio modificada. Se colocó los auriculares y encendió la radio.

Se quitó inmediatamente los auriculares con una mueca de dolor.

Todo chillaba. Todo. Desde la primera línea del espectro hasta la última. No sabía si eso era posible. Ni siquiera si era imposible.

Aterrado cogió el walkie-talkie que le comunicaba con los otros dos y mientras pensaba en la rima vio en la pantalla del portátil como el espectrograma se iba purificando al aplicar el filtro de control del talismán.

Siguiente capítulo: 2+3=5+1


COMPÁRTELO:

¿Quiénsoy?

Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

CUÉNTAME