La Brasa
Torrijos

Era una solución obvia

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.


-Todos los indicios claros parecen; las ondas vibran y ya no se mecen- dijo Ojo-De-Halcón al tomar la curva de salida de la M-30 hacia el Paseo Virgen del Puerto. El monovolumen circulaba con la peculiar mezcla de acelerones y frenazos que evitaba ser detectado.
En los años que llevaba metido en esto, era la primera vez que había visto señales tan claras. Una vez, cuando la peor época de Las Barranquillas, le pareció que el rastro de sangre de un yonqui moribundo se había vuelto rosa, casi naranja, pero al final resultó que solo era la extraordinariamente pobre concentración de sal que tenía en las venas.
Sin embargo esta vez las cosas estaban muy claras: dos sudamericanos muertos en un ajuste de cuentas. Varias puñaladas en hígado y costado. Nada de sangre. No es que no hubiera pillado venas o arterias, es que había coagulado casi instantáneamente. 
El gasto de éter para poder hacer coagular los casi 5 litros de sangre que bombea un corazón adulto solo podían significar una cosa: alguien o algo estaba haciendo magia. Y por sus huevos iba a encontrarlo.
Y hablando de huevos, no le costó demasiado cortar el escroto del cadáver. Cuando los médicos y el juez lo encontraron, atribuyeron la pérdida a algún tipo de advertencia de carácter ritual. Bueno, por suerte, el bueno de Miller Somoza Castillo no echaría de menos sus pelotas y él las iba a necesitar.
-He de creerte, me dices, pero no encuentro razón o significado en tan nefanda asquerosidad, pronto estará críando lombrices- Contestó ShinChan desde la parte trasera, mientras miraba a la bolsa escrotal semirígida conectada con cables y resistencias a la radio del Citroen C4 Picasso.
Roque y Ojo-De-Halcón miraron hacia atrás con condescendencia, si bien Ojo-De-Halcón volvió pronto la vista a la carretera. ShinChan tendría veintipocos años y apenas llevaba un par de meses en el cuerpo, por lo que era aun algo reticente a lo que se hacía en la Brigada de Extraños e Imposibles.
-Y varias veces nos has dicho ya, que el verso y el ritmo no te dan para más- se anticipó Roque.
-Sí, esa es otra cosa que me parece una gilipollez.
-No rima.
-Pues me follo a tu prima- añadió ShinChan muy serio.
-Como nosotros viste que la sangre no brotaba, que había olor a hierro fundido, cosa mágica, y que el aire llenaba la radio de electricidad estática.
-Sí, claro que…- Roque le miró fijamente- Como todos lo ví, y en mi corazón lo sentí- Terminó ShinChan devolviendo la mirada.
-Entonces pues dediquémonos a nuestro debido menester, y encontremos el sollozo que avivó la radio, sea este de cosa, animal o cualquier otro ser.
A la salida del túnel había un gran atasco producido posiblemente por el semáforo de la calle Segovia o quizás (y mejor que no fuera así) por lo que habían ido a buscar. Pero no podían esperar a que llegase otro coche antes, así que Roque sacó la guinda del salpicadero y la colocó en la parte superior del coche.
La sirena comenzó a ulular a la vez que Roque gritaba por la ventanilla.
-POLICÍA, ABRAN PASO, POR FAVOR.

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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