La Brasa
Torrijos

El Barista Autómata

Linus Bohman

De la noche a la aurora, las venturas
posábanse solaces frente al barista autómata.
Un vino, un café, tabaco y pan, pedían,
y el mecanoservo, quieto, con la boca ocluida
respondía en mirada eléctrica, mágica y rota,
las demandas de sus pestañas y sus plumas.

Es un siervo y un mecánico, y ellas también.
Son libres del alba al crepúsculo; él no lo es.
Y las nubes y el gas y las bujías y los relés
le perdieron la cuenta: ¿Ha pasado una hora? ¿Dos? ¿Cien?

¡Cuánto tiempo estuvo! ¡Cuánto espacio!
Pergeña y persigna en cuentas y plegarias
que le inmovilizan y que vuelven, que nunca acaban,
y que vacían sus cables huecos, inertes, flacos.

Los párpados parpadean y las dichas bailan y se mojan.
Pero a este lado de la barra, los murmullos de la vida y los peces
maldecíanse en mil lenguas, en tres golpes, en cien horas,
que su agua era su vida, que el robot ni maldice ni llora.

Él sonríe y rellena y confía,
como en un sueño, como tantas veces,
que el siguiente día será un mejor día en el bar del barista autómata.

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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