La Brasa
Torrijos

Deshazte de tus cargas: Dorina

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.


Los enjambres de fotones se arremolinaban y crepitaban cargados como una televisión sintonizada en un canal muerto. Poco más podían hacer que fluctuar y juntarse arriba y abajo y de un lado a otro formando danzas y figuras: ora una orquidea cuyo estambre cayó al mar, ora un banco de las sardinas hijas de una lata de conserva; algo más allá el chisporroteo se volvía un canción y se juntaba alegremente con otras partículas que sonaban al tarareo de Buddy Holly en la cabina de la Beechcraft Bonanza N3794N o como el Dystopian Primate de Kurt Cobain; y en algún otro acá recitaban palabras de la autobiografía de Adolfo Suarez o de aquel poema tan bello para Dolores que Larra quiso escribir.

Sí, decididamente la luz hace cosas raras en el no-lugar que es el Limbo. Porque las cosas son raras allí, flotar sobre nada es más difícil de lo que parece y la existencia potencial no es como ir al campo a hacer un pic-nic: la consciencia también es potencial y cada individuo está disuelto en corpúsculos del mar de fotones.

Con todo, no es infrecuente que algunas partículas se arremolinen formando una consciencia más o menos independiente. Las más de las veces se tratan de meros retazos infinitesimales, amalgamas de varios objetos potenciales que durante una fracción de tiempo se autoformulan preguntas y cartesianamente, existen. A veces desarrollan algún sentido o incluso más de uno; huelen algo o saborean la sopa fotónica, pero inmediatamente después vuelven a disgregarse y a agitarse en ese ballet molecular que transcurre plácidamente por el no-tiempo.

Sin embargo, lo que estaba pasando esta vez si era decididamente raro. Raro incluso para el estándar de rareza que el Alfeizarista estaba acostumbrado a ver: las ondas que ayer (si es que podemos usar "ayer") habían perturbado todo el continuo ya le habían parecido inusuales, pero claro, es que ahora (permitámonos usar "ahora") los fotones, los electrones, los protones y los cuantos habían conformado una consciencia estable, y apenas se interrelacionaban con los demás, generando un espacio- UN ESPACIO!- entre ellos y el resto.

El Alfeizarista miraba atónito como las cosas que debían ser de una manera eran de otra. De otra muy distinta, casi sólida se atrevía a decir.

-Tengo hambre- dijo la cosa/consciencia

-Joder!...También hablas?!- contestó el Alfeizarista.

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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