La Brasa
Torrijos

Deshazte de tus cargas: Bubastis

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.

La noche siguiente Bubastis le pregunto a Corian y a Alucobón si ellos también habían soñado con el Concilio de Gatos. Le hizo la misma pregunta a Robertson y a Prodema, e incluso a la vieja Aceralia, que llevaba casi quince años cazando en la orilla.

Ninguno había soñado nada especial, ya sabes, lo habitual, ratas, gorriones, ovillos de lana de colores. Yo ya hace tiempo que no creo en esas cosas. Me da a mí que tu te has tragado lo de dominar a los animales sin cola, pero eso no es más un cuento para cachorros. No te imaginaba tan devota, la verdad. Si mi madre me oye me arranca las zarpas, pero eso son majaderías.

Aquella noche no quiso cazar en la orilla, prefirió subir a la explanada gris de tierra líquida-pero-dura junto a la despensa enorme de los animales sin cola. No había ratas ni casi nada vivo, pero a menudo dejaban tirada mucha comida envuelta que los muy estúpidos no querían.

Consiguió un buen trozo de carne de pájaro troceada y envuelta. La devoró enseguida y volvió corriendo hacia su guarida, pues ese territorio ya estaba muy poblado y, aunque eran gente de bien, prefería no tener que dar explicaciones.


Justo antes de dormirse volvió a echar de menos la madriguera de su animal sin cola. Siempre se estaba caliente y no le faltaba agua fresca ningún día. Pero no podía cazar y la comida siempre estaba muerta, sin una gota de sangre que le calentase el estómago.

Soñó de nuevo con el Concilio de Gatos, pero esta vez en lugar del Anciano Rey arengando a las multitudes, supo que era ella misma la que estaba subida en el podio explicando por qué se había reunido el Concilio en fecha no programada. Que debían estar preparados para lo que estaba por llegar y que debían comer bien y si fuese posible, almacenar presas para el Invierno más largo y más importante que jamás fueran a pasar.

Porque las ondas del tiempo estaban cambiando, y habían sido los animales sin cola los que las habian cambiado, pero no podían, ni debían, quedarse parados a esperar.

Desde lo alto del podio no distinguía bien las caras de los milles de gatos que la escuchaban, y un instante antes de despertar le pareció que esas caras, quizás, casi seguro, no eran de gatos.




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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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