La Brasa
Torrijos

Sombras en una batalla

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.


Suena la campanilla de uno de los ascensores.

Cuando se abrió el ascensor me dirigí al mostrador del conserje. Todo muy blanquito, muy pulcro, muy moderno, muy minimal…la verdad es que sin ser del todo santo de mi devoción impresionaba bastante. 

En cambio, el conserje era un tipo negro calvo con perilla muy alto y muy ancho y con mucha cara de aburrimiento…también impresionaba bastante.

Se me quedó mirando de arriba a abajo, parandose una fracción de segundo en mi pie descalzo y otra en el roedor que llevaba bajo el brazo.

-Buenas tardes. -Buenos días.

-…Buenos días -(seguro?)

- Lo…lo siento, no sé ni que hora es.

-Pues son las diez menos cuarto- dijo señalando el blanco reloj de pared, sin números y con las manillas en blanco oscuro.

-Las diez…menos…cuarto -(juraría que era más tarde, de hecho, cuando me levanté…) -Oiga, no tendrá usted…?

Algo no iba bien.

El dolor de cabeza volvió con la fuerza de un maremoto acompañado por una perezosa sensación de irrealidad. Había algo en mi rabillo del ojo y en el rabillo de mi mente. Estaba seguro…o casi seguro.

-Le pasa algo? Se encuentra bien?

-No…yo…sí, creo que sí.

Sentí el aire acondicionado sobre mi nuca. Liviano y prístino, apenas podría sostener un avión de papel. Oí el tic del reloj y el blub del dispensador de agua y el motor de ascensor en la planta catorce.

El anclaje de las cosas parecía sostenerse con demasiada fragilidad, me dolía mucho la cabeza y estaba experimentando el déjà vu más sólido que pudiese existir.

-De verdad no necesita nada?

-No…me encuentro mejor- mentí.

Sin añadir nada más, volví sobre mis pasos, me subi al ascensor, llegué a la puerta del apartamento y recogí la zapatilla que había colocado atrancando la puerta. Eché un último vistazo al apartamento vació y volví a tomar el ascensor.

Según bajaba pude reconocer una curiosa versión del Everything in its Right Place de Radiohead sonando en el hilo musical. Bijoux parecía tranquilo y se acurrucó un poco en el hueco de mi codo, haciéndome cosquillas con el hocico.

-Está usted mejor?

-Sí, sí, mucho mejor.

Quería haberle preguntado por Lucía y por el roedor, pero en esos momentos necesitaba salir de allí cuanto antes. Cada segundo en ese edificio pesaba varias toneladas y no me encontraba en condiciones de soportarlas.

Me subí al Toyota, dejé a Bijoux en el asiento del copiloto confiando en que se estuviese quieto, arranqué y conduje hacia la M-30 bajo el sol de la mañana. Apenas me crucé con un par de coches en el camino de regreso a mi casa.

Siguiente capítulo: Little Green Bag

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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