La Brasa
Torrijos

Cuento del ángel y la brizna de hierba



Érase una vez un ángel que se enamoró de su brizna de hierba,
le susurraba y le susurraba
y ella crecía sin parar.
Y creció tanto que dejó de ser hierba y se convirtió en
maleza.

Pero el ángel no veía la maleza,
solo veía la pequeña brizna que había debajo,
así que siguió susurrando,
pero la maleza ya no entendía los susurros,
sólo entendía gritos.

Y el ángel se dio cuenta y comenzó a gritar:
gritó con todas sus fuerzas durante un año, durante mil años;
y la maleza creció tanto que acabó cubriéndolo todo,
a las demás briznas y a los demás ángeles.

Así que un día el ángel abrió los ojos y no pudo ver nada,
y dejó de gritar,
y la maleza dejó de crecer,

y de lo más profundo de sus tallos creció una flor bella y salvaje:
una amapola.

Y una mariposa la vio y se acerco a libar de ella,
del producto de mil años de susurros
y en ese preciso instante, el ángel olvidó
la amapola,
la maleza y
la brizna de hierba,

y hasta el fin del tiempo solo pudo recordar
el batir de las alas de la mariposa.

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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