La Brasa
Torrijos

Un conejo parlante

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.

Ya no dolía tanto al moverme en la cama y la chinchilla parecía haberse levantado, lo cual me permitió hacer algunos gestos para comprobarlo: no, ya no dolía tanto. Y el dolor de cabeza también había cesado en su mayor parte.

Por la luz que entraba por la terraza deberían ser las dos o las tres de la tarde. Coño!, y yo tenía que ir a Ávila!

Corrí al baño a mirar el relojito del armario. No había nada. Nada, ni cepillo, ni pasta, ni dieciseis lápices de maquillaje distintos, ni desmaquillador. Ni relojito.

-Lucía?
...
-Lucía??
...

Ni en la terraza ni en la cocina ni en el enorme salón comedor. Tampoco había nada en la nevera, ni siquiera estaba encendida. Ni en los armarios. Ni en los cajones de los armarios. Ni en los cajoncitos que había dentro de los cajones de los armarios.

Nada. Ni una camiseta, ni una falda, ni unas bragas, ni un zapato, ni un cartón de leche, ni una botella de agua, ni una plato, ni una cuchara, ni un cenicero, ni un florero, ni un cuadro, ni una maceta.

Sillas, una gran mesa de centro, una cómoda (vacía) y un aparador bajo lacado en blanco sobre el que descansaba un enorme televisor de pantalla plana con una pegatina redonda en la esquina inferior derecha de la pantalla: "REPLICA". Era una de esas carcasas vacías que se usan en los showrooms y en los laberintos obligatorios de IKEA. Ni siquiera tenía cable ni conexión alguna.

Regresé sudando al dormitorio. Al menos la cama seguía en su sitio, con las sábanas revueltas y húmedas.
De nuevo frente al espejo del baño me retorcí buscando una cicatriz en la zona lumbar que adviertiese que mis riñones habían reducido en número, pero afortunadamente la busqueda fue infructuosa.

(Se ha ido?. Qué coño ha pasado? No puedo ser tan pringao...)

Me vestí a toda prisa mientras el martilleo en la cabeza se abría paso nuevamente: móvil, llaves, cartera, llaves del coche...Dónde están las llaves del coche?
En los bolsillos del pantalón no estaban y en los demás bolsillos tampoco porque la camisa no tenía bolsillos y no uso calzoncillos con bolsillos, si es que tal cosa existe.
Tampoco estabán sobre la mesa, ni sobre el aparador, ni sobre la encimera de la cocina, ni en el lavabo, ni en el bidé, ni sobre el inodoro, ni en el inodoro, ni dentro de la cisterna del inodoro.

Solté un gruñido al agacharme a mirar bajo la cama.
Dos ojitos pequeños y brillantes me miraban desde el centro, y había otro reflejo bajo aquellos dos puntitos.
-Ven Bijoux, ven bonito.

El roedor salió al exterior dando unos saltos ridículamente cortos y me miró nuevamente, con una mirada parecida a la que tiene Harry Callahan antes de pedir al negro que le alegre el día.
Tintineando atadas al lacito negro de su cuello estaban las llaves de mi Toyota.
Al ir a desatarlas miré el lazo. Escrito en letras plateadas no aparecía el nombre del animal, sino unas palabras que me hicieron darme cuenta de que había perdido el juicio:

"SE HA IDO. ERES UN PRINGAO. Y AHORA TIENES QUE OCUPARTE DE MÍ"

Siguiente capítulo: De Madrid al Cielo y al Infierno: Adrián, Santi y Pablo

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¿Quiénsoy?

Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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