La Brasa
Torrijos

De Madrid al Cielo y al Infierno: Ana y Rubén

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.
Fotografía de Ethoo

Se besaban en la barandilla del Parque del Manzanares. Bueno, Ana besaba y Rubén intentaba magrear bajo la camiseta blanca de Ana con resultados dispares.

Hacia ya un buen rato que había terminado el concierto de Love of Lesbian en la Riviera y habían decidido que no iban a esperar hasta las seis que empezaba el tren, sino que irían a Príncipe Pío para coger un buho que les llevase a casa de Ana. No es que a Rubén le encantasen Love of Lesbian, pero a Ana sí y además tenía que aprovechar esos fines de semana especiales para bajar a Madrid y poder estar juntos.


Tras un poco más de jugueteo, consiguió meter la mano bajo el sujetador. Joder, hacía tiempo que no le tocaba las tetas, pero ahí seguían, firmes, tersas, incluso pudo reconocer el pequeño bulto del lunar que tenía Ana junto al pezón izquierdo.


Y luego el pezón izquierdo. Ana le miró con cierta guasa, le volió a besar y se dejó hacer.

Siguió tocando el pezón izquierdo con el pulgar. Miró a uno y otro lado, e incluso a la otra orilla. A esas horas ya apenas quedaban en el parque un par de parejas en actitud similar, y algún que otro mendigo que no duraría demasiado pues la vigilancia patrullaba en coche, que era lo que más preocupaba a Rubén. 


No parecía haber moros en la costa así que procedió a meter la mano izquerda bajo la copa derecha, que ya estaba un poco más floja, pues ella se había desabrochado el sujetador un poco compadecida por los esfuerzos que hacía su pareja.

Volvió a besarla mientras le acariciaba el lateral del pecho derecho, y luego nuevamente el pezón, y un poco más abajo del pezón distinguió otra protuberancia. Otro pezón, y en el abdomen pudo notar otro pezón, y en el costado izquierdo, y en la espalda y el vientre y bajo la axila.

Rubén se apartó lívido mientras miraba la cosa que creía que era su novia.
-Pero que te pasa?

Ana tenía la camiseta y el sujetador completamente subidos. A la luz azulada del nuevo puente sobre el río tenía dos brazos, una cabeza, un vientre liso y dos pechos un poco más blancos que el resto de la piel. En cada uno había un pezón.


Siguiente capítulo: De Madrid al Cielo y al Infierno: Dorina

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Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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