La Brasa
Torrijos

Los viajes de mañana

Éste es un capítulo de Combate de Amor en Clave, aquí tienes el índice para seguir la novela.

Casey Bisson

La cosa empezó el sábado pasado y efectivamente, hasta esa noche, no podía entender que una persona así pudiese existir.

Había venido uno de mis colegas de Alicante y teníamos pensado salir a cenar algo, tomarnos un gin&tonic y volvernos pronto para casa, porque el Domingo teníamos que ir a Ávila a visitar una obra que estamos empezando.

-Venga va, vamos al chino y luego te llevo a un sitio que me han enseñado que ponen unos gintonics cojonudos. Aunque es un videoclub.


-Un videoclub?


-Sí, bueno, no sé- Me hubiera gustado explicarle un poco mejor la cosa, pero el sitio me lo enseño Joe Kopicki y no me enteré bien cuando le pregunté tan curioso posicionamiento comercial. Realmente tampoco es excusa para responder como el 7 de España, pero que le vamos a hacer, uno no es tan ingenioso offline.


-Bueno, supongo que cerrarán antes de las tres, así no tenemos pretexto para ir a la Morocco, que mañana hay que hacerse trescientos y pico kilómetros.

A las 4:10 AM estabamos en la Morocco en estado de buena esperanza.
De buena esperanza de pillar cacho.

La Sala Morocco es una discoteca que está en la calle Marqués de Leganés, una perpendicular a San Bernardo muy cerca de la Gran Vía. Abren a la una, pero la gente no empieza a ir hasta las tres. Antes era propiedad de Alaska (o una de sus copropietarios), pero ahora no sé si sigue teniendo algo que ver más allá de que la música oscila desde el petardeo más rancio de Rocío Durcal, Marisol y Raphael, al petardeo más rancio de Nacho Canut y Fanny McNamara, pasando por el petardeo más rancio de Miguel Bosé y Olé Olé cuando cantaba Vicky Larraz.


La decoración según su página web (ahora se hacen llamar moroccodanceclub, supongo que desde que Alaska y Mario son Alaska y Mario) es Trash-Hollywoodiense. A mí me parecen neones de los de toda la vida, a menos que incluyas en el calificativo a su muy abundante clientela. Lo cierto es que con esos antecedentes musico-ambientales pensaría uno que habría siempre cuatro frikis y cuatro camareras macizas, pero no; siempre hay cuatrocientos frikis y cuatro camareras macizas.


También hay un buen numero de treintañeros, cuarentones, algún Alfredo Landa, grupettos de chicas de 18 años despistadas y sin Gelocatil, desconocedoras de a lo que se van a enfrentar, MQMF's, MQNMF's, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y mediopensionistas.

Ah, y siempre, siempre, siempre hay varias despedidas de soltera.

Siguiente capítulo: El hombre y la tierra

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¿Quiénsoy?

Hola. Soy Pedro, redactor freelance especializado en cultura y arquitecto y músico de formación. Actualmente publico en Jot Down, Yorokobu y en el proyecto Fàbrica Futur del Ajuntament de Barcelona, entre otras publicaciones. Vivo en Madrid y me gusta tirarme a bomba en las piscinas. Saber más [...]

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